Sensibilidad Térmica
La sensibilidad a la temperatura se define como la respuesta fisiológica o conductual de un organismo ante los cambios de temperatura. Un alto grado de sensibilidad térmica implica que pequeñas variaciones de temperatura generan una respuesta marcada, mientras que una baja sensibilidad indica respuestas mínimas ante dichos cambios.
¿Cómo se evalúa la sensibilidad a la temperatura?
La evaluación de la sensibilidad térmica consiste en:
• Utilizar dos tubos de ensayo o frascos con agua fría y caliente.
• Aplicar el estímulo de forma suave en diferentes zonas del cuerpo, como el rostro, el tronco y las cuatro extremidades.
• Durante la exploración se pide al paciente que indique:
-Si percibe el estímulo
-Si la sensación es fría o caliente
-Si la percibe de igual manera en ambos lados del cuerpo.
Interpretación de los resultados
La interpretación se basa en la respuesta del paciente ante los estímulos térmicos.
Normal: Cuando el paciente identifica correctamente el frío y el calor y los percibe de forma simétrica.
Hipoestesia: Es la disminución en la percepción de frío o calor.
Anestesia: Es la ausencia completa de percepción térmica.
Disestesia: Es la percepción anormal o desagradable del estímulo térmico.
Asimetría: Caracterizada por diferencias entre ambos lados del cuerpo, orienta a lesiones neurológicas periféricas, medulares o centrales según el nivel afectado.
La evaluación de la sensibilidad térmica debe realizarse de manera ordenada, iniciando en zonas distales y progresando hacia áreas proximales, lo que permite identificar patrones y niveles de alteración neurológica.
Imagen obtenida de: https://es.slideshare.net/slideshow/exploracion-sensibilidad/52562565
Video obtenido de: https://www.youtube.com/watch v=iy96SPuax2U&pp=ygUUc2Vuc2liaWxpZGFkIHRlcm1pY2E%3D
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